La credibilidad es el único activo que mantiene viva a la prensa

Por décadas, la relación entre los medios de radiodifusión y su público funcionó como una calle de un solo sentido. La televisión y la radio hablaban; la audiencia escuchaba pasivamente. Sin embargo, la regulación sobre los Lineamientos gmGenerales para la Protección de los Derechos de las Audiencias reconfigura de fondo esta dinámica, colocando en el centro de la discusión una pregunta crucial; ¿quién cuida los ojos y oídos del espectador sin amordazar al comunicador?

El espíritu original de estos lineamientos busca saldar una deuda histórica, reconocer a los televidentes y radioescuchas no como meros consumidores o cifras de rating, sino como sujetos con derechos fundamentales, representa un paso cualitativo hacia la madurez democrática.

La exigencia de contar con códigos de ética explícitos, garantizar la accesibilidad para personas con discapacidad, diferenciar con claridad la información de la opinión o publicidad, y contar con defensorías de audiencia con autonomía funcional son herramientas indispensables en una era saturada de desinformación.

No obstante, el verdadero desafío periodístico y legal de este marco regulatorio siempre ha radicado en la ejecución, el riesgo de que la tutela institucional se traduzca en sobrerregulación o censura indirecta es una sombra que suele acompañar a este tipo de iniciativas.

La delgada línea entre verificar el cumplimiento ético y fiscalizar la línea editorial de un medio requiere una precisión quirúrgica para no vulnerar la libertad de expresión.

El mayor acierto de un modelo equilibrado es mantener a las defensorías de las audiencias como un puente autorregulado e independiente, evitando convertir al regulador en un tribunal de la verdad.

La verdadera protección del público no surge del castigo administrativo a la línea editorial, sino del empoderamiento de la ciudadanía mediante herramientas de alfabetización mediática y canales efectivos de réplica y respuesta.

La implementación efectiva de estos lineamientos no debe entenderse como un freno a la labor informativa, sino como un pacto de confianza renovado. Un medio que rinde cuentas y respeta a su audiencia no pierde libertad; gana credibilidad, y en los tiempos que corren, la credibilidad es el único activo que mantiene viva a la prensa.

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